Al relatarles mi reciente viaje a New York, comenté mi participación en la Affordable Art Fair Spring edition. Accedí a esta feria a través de Escarlata, un espacio de arte en Buenos Aires en el que expuse varias veces.
Las ferias de este tipo duran muy pocos días (cinco en este caso), por lo que se concentra mucho público y hay que aprovechar la ocasión.
La noche de inauguración, los pasillos estaban atestados de gente que iba recorriendo los stands. Y entre TANTAS obras, colores, imágenes…que alguien se detenga frente a nuestro trabajo, pida un folleto o datos del artista, ya resulta bastante estimulante.
Pero la alegría es completa cuando el visitante se decide a comprar nuestra obra. Y no me refiero sólo a la cuestión económica; el hecho de elegir llevarse a su hogar ESA creación única que nos pertenece, establece una conexión permanente con el “otro”. Estaremos ligados a través de la pintura aunque nunca más volvamos a cruzarnos.
Volviendo a la feria: una pareja se detuvo frente al sector de mis trabajos, miraban, comparaban mis obras entre sí, hablaron algo con la galerista…y se fueron.
Lamenté que hubieran seguido de largo, pero ella me aseguró que volverían.
Dicho y hecho, un rato después estaban de vuelta en el stand y al final se decidieron por “Man in love”, una de mis pinturas del 2008, en la que el hombre-mago anda muy enamorado, con el corazón en la mano y las mariposas revoloteando en su sombrero, una elección bien romántica.
Olvidé mencionar un detalle importante: la joven llevaba un prominente embarazo y la obra que buscaban era un regalo para la llegada del bebé.
Cuando se enteraron que la autora de la obra (o sea yo) estaba presente, me saludaron y me pidieron dedicar la obra al futuro hijo, en la parte posterior. Por supuesto accedí gustosa.
En ese momento, ambos comenzaron a “discutir” un poco, entre risas, ya que ¡¡¡aún no habían decidido el nombre del niño!!!! Mi dedicatoria los obligaba a hacerlo en ese mismo instante!!!
Al final llegaron a un acuerdo…el niño se llamaría “Austin”. Y la mami primeriza me pidió escribirle: “Happy BIRTHday Austin” (no aludiendo al cumpleaños, sino al Feliz día de Nacimiento). Y estampé mi firma, con la certeza de que será una anécdota para recordar cuando pase el tiempo…
Después de veinte años de exposiciones y unas cuantas ventas, es la primera vez que me sucede que el “dueño” de la obra vendida aún no ha nacido. Y que mi pintura llevó a los padres a decidir su nombre en los pasillos de una feria de arte…Linda historia, no?
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